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Pacintes únicos

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La enfermedad de Fabry es una enfermedad progresiva que afecta a menos de medio millar de personas en España. La pueden padecer ambos sexos y la esperanza de vida se puede reducir de quince a veinte años.

 

¿Qué es Fabry?

Fabry es una enfermedad de almacenamiento lisosómico, hereditaria y ligada al cromosoma X que afecta a hombres y mujeres. Debido a que es poco común y cursa con distintos signos y síntomas, puede ser confundida con otras enfermedades; por lo tanto, las personas que sufren la enfermedad pueden pasar largos periodos de tiempo sin un diagnóstico correcto¹.

 

 

 

En el caso de la enfermedad de Fabry, la enzima deficiente es la alfa galactosidasa A. Su carencia hace que se acumule el esfingolípido globotriaosilceramida (Gb3v, a veces abreviado a GL-3 y también conocido como trihexósido de ceramida [CTH]) en casi todos los órganos²⁻⁴ y afecta de forma diferente a cada paciente. Por eso, estos pueden manifestar una serie de síntomas en grado variable que no solo alteran su calidad de vida, sino que también reducen sustancialmente su esperanza de vida³⁻⁴.

 

 

Incidencia 

La enfermedad de Fabry es considerada como rara o minoritaria. Se calcula que la tasa de incidencia de esta enfermedad se aproxima a 1 por cada 117.000 recién nacidos vivos en la población general, aunque existen cifras diferentes según los datos de distintos países⁵. Dada la multiplicidad de signos y síntomas de la enfermedad de Fabry el reconocimiento de esta patología es difícil, por lo que se cree que hay muchos pacientes no diagnosticados o mal diagnosticados¹. De hecho, la latencia habitual entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico asciende a 12 años en ambos sexos⁶.

 

 

Genética

La enfermedad de Fabry se debe a una mutación de la región Xq22 del cromosoma⁷, que da lugar a una falta o carencia de la enzima lisosómica alfa galactosidasa A⁷⁻⁸. De las 400 posibles mutaciones del gen GLA —que codifica la enzima—, muchas son mutaciones privadas, es decir, confinadas a una única familia o a un número reducido de familias. Por ello, el estudio familiar es un componente fundamental del diagnóstico de la enfermedad de Fabry.

 

Signos y síntomas²

– Dolorsensación dolorosa de ardor en las manos y en los pies llamada acroparestesias.

El dolor puede resultar intenso y empeorar con el ejercicio, el estrés, las enfermedades intercurrentes y los cambios de temperatura. Normalmente no suele responder a los analgésicos habituales.

– Intolerancia al calor y dificultad para afrontar el ejercicio físico: las personas con la enfermedad de Fabry pueden experimentar hipohidrosis o anhidrosis, que es la disminución o falta completa de sudor⁷.

– Lesiones cutáneas:  erupción eritematosa (enrojecimiento de la piel por una inflamación), no dolorosa que puede llegar a sangrar, conocida como angioqueratoma. Es más común que aparezca en ombligo y rodillas, aunque también puede darse en otro lugar del cuerpo, como los labios, la lengua, las manos y los dedos del pie².

– Opacidad en la córnea:  la córnea puede parecer anómala (córnea verticillata). No afecta a la visión pero puede empeorar con el tiempo.

– Anomalías cardíacas: cambios en el tamaño del corazón (aumento de tamaño del ventrículo izquierdo), latidos cardíacos irregulares e incompetencia de las válvulas cardíacas.

– Sistema nervioso: el dolor suele experimentarse como acroparestesias (ardor, hormigueo o acorchamiento de las extremidades) o como crisis de dolor lancinante o urente¹⁰.

– Estómago y sistema gastrointestinal:  dolor abdominal, deposiciones frecuentes después de comer, diarrea y náuseas. Los síntomas gastrointestinales pueden darse hasta en el 55% de los pacientes⁴ y constituir una manifestación temprana de la enfermedad de Fabry.

– Deterioro de la función renal:  más del 80% de las personas con la enfermedad de Fabry sufren problemas renales de diverso grado, pudiendo llegar a desarrollar en casos muy avanzados insuficiencia renal¹².

– Oídos: la enfermedad de Fabry puede alterar la audición y algunos pacientes notan un zumbido en los oídos que se conoce como acúfenos. La mayoría de los pacientes sufre cierta pérdida de audición en algún momento, bien de manera progresiva, bien de manera brusca.

 

Las personas con la enfermedad de Fabry pueden tener todos o sólo algunos signos y síntomas típicos de la enfermedad. Igualmente, estas personas pueden experimentar diferentes síntomas en distintos periodos de su vida. Por esto, es importante que dialogue con su médico sobre sus síntomas y cualquier factor de riesgo que pueda tener.

 

Cribado y diagnóstico

Como la enfermedad de Fabry es rara, y puede presentar síntomas clínicos diversos, de inicio y progresión, a veces cuesta diagnosticarla y algunos pacientes son atendidos por diversos especialistas de ámbitos clínicos diferentes antes de que se establezca y confirme el diagnóstico.⁴⁻⁶  

 

Se cree que la latencia media desde el comienzo de los síntomas hasta el diagnóstico final es de 12 años en varones y mujeres y que, en ese momento, los síntomas pueden ya estar muy avanzados⁶.

 

Las complicaciones cardiovasculares y renales de la enfermedad de Fabry suponen una grave amenaza para la vida, de ahí la enorme importancia del diagnóstico precoz de la enfermedad para proceder a un tratamiento adecuado.

 

El comienzo de los síntomas en las mujeres suele retrasarse seis años en relación a los varones⁶, por lo que su diagnóstico, en general, suele realizarse a una edad mayor que estos. Si la enfermedad de Fabry no se trata, la esperanza de vida de los varones suele reducirse en 20 años (de 70 a 50 años) y la de las mujeres en 15 (de 85 a 70 años)²⁻³ .

 

Las pruebas necesarias para diagnosticar la enfermedad de Fabry abarcan desde el estudio familiar al análisis de sangre o el de ADN⁴⋅⁶⋅¹¹.  Puede realizarse también un diagnóstico prenatal en el caso de que la madre sea heterocigota para la enfermedad de Fabry o se sospecha que pueda serlo⁴.

 

Referencias

1. Bishop DF, Kornreich R, Desnick RJ. Structural organization of the human a-galactosidase gene: further evidence for the absence of a 3’ untranslated region. Proceedings of the National Academy of SciencesUSA 1988; 85: 3903-3907.

2. Beck M. Fabry disease: clinical manifestations, diagnosis and therapy; 2007 (2nd edition).

3. MacDermot KD, Holmes A, Miners AH. Anderson-Fabry disease: clinical manifestations and impact of disease in a cohort of 98 hemizygous males. Journal of Medical Genetics 2001; 38: 750-760.

4. Winchester B, Young E. Biochemical and genetic diagnosis of Fabry disease. In: Mehta A, et al (eds). Fabry disease: perspectives from five years of FOS, 2006; pp. 169-181.

5. Gal A, Schäfer E, Rohard I. The genetic basis of Fabry disease. In: Mehta A, et al (eds). In: Fabry disease: perspectives from five years of FOS, 2006; pp. 323-330.

6. Meikle PJ, Hopwood JJ, Clague AE, Carey WF. Prevalence of lysosomal storage disorders. Journal of the American Medical Association 1999; 281: 249-254.

7. Mehta A, Ricci R, Widmer U, Dehout F, Garcia de Lorenzo A, Kampmann C, et al. Fabry disease defined: baseline clinical manifestations of 366 patients in the Fabry Outcome Survey. European Journal of Clinical Investigation 2004; 34: 236-242.

8. MacDermot KD, Holmes A, Miners AH. Anderson-Fabry disease: clinical manifestations and impact of disease in a cohort of 60 obligate carrier females. Journal of Medical Genetics 2001; 38: 769-775.

9. Lyon MF. Gene action in the X-chromosome of the mouse (Mus musculus L.). Nature 1961; 190: 372-373.

10. Mehta A, Ricci R, Widmer U, Dehout F, Garcia de Lorenzo A, Kampmann C, et al. Fabry disease defined: baseline clinical manifestations of 366 patients in the Fabry Outcome Survey. European Journal of Clinical Investigation 2004; 34: 236-242

11. Brady RO, Schiffmann R. Clinical features of and recent advances in therapy for Fabry disease. Journal of the American Medical Association 2000; 284: 2771-2775.

12. Beck M, et al. Fabry disease: overall effects of agalsidase alfa treatment. European Journal of Clinical Investigation 2004; 34: 834-844.